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Acantilados de Moher
Agosto 1998, Madrid.
Tiempo de estancia 1 día.
Recomendación: Jaime Aguado (Descape.com).
Colabora Anna con fotos propias.

En el oeste de la isla de Irlanda se encuentra uno de los parajes naturales más sobrecogedores de los que podamos encontrar en toda Europa, los acantilados de Moher. Los amantes de las sensaciones únicas pueden disfrutar de unas vistas verticales absolutamente impresionantes, se trata de un acantilado de 250 metros de altura y varios kilómetros de longitud. No todo el mérito se lo damos al poderoso acantilado, Moher no seria tan especial si no fuese irlandés, la cultura celta arraigada a esta tierra lo hace un lugar si cabe más especial.

El viaje que nosotros realizamos fue mediante INTER-RAIL, por lo tanto y para los que no conozcan este tipo de viajes en tren, las penurias, la mala vida, el mal comer y el peor dormir son la tonica dominante del viaje. El INTER-RAIL es una oportunidad que ofrece Renfe en asociación con casi todas las compañias ferroviarias europeas para viajar por toda Europa con un presupuesto muy bajo. Si tienes algo de dinerillo puedes dormir en albergues y comer de vez en cuando en restaurantes o por lo menos en los albergues. Nuestro caso fue el peor de todos creo yo, sin un duro, sin buen dominio del idioma, sin saber donde dormir, con un cochambroso camping-gas para desayunar, comer y cenar... se trataba de llegar lo más lejos posible , alejado de las rutas más concurridas del INTERAILERO. En Irlanda hay poco tren por lo que el autobús y el autostop serán alternativas a seguir frecuentemente. Ahora lo recuerdo como una experiencia muy positiva, aprendes a valorar un poco más conceptos tan genéricos como la soledad, la amistad, la confianza y sobre todo conocer una faceta de nosotros mismos que tal vez no podriamos destapar en nuestra vida cotidiana. En situaciones críticas es cuando sale lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Pasamos la noche el Limerick, me encantaría recomendaros sitios para comer y dormir o visitar pero dormimos en el cesped de un campo de futbol en la periferia de la ciudad, comimos "tortelinis" calentados en el socorrido camping-gas y visitar lo que se dice visitar no recuerdo mucho despues de tanto tiempo, yo lo achaco a que Moher eclipso mucho de lo anteriormente visto.Por la mañana, cerca de la estación, salen autobuses hacia Moher, el regreso lo podemos hacer en el mismo autobus, pero los horarios son poco frexibles y si queremos pasar alli la tarde tendremos que hacer autostop, los irlandeses son gente muy abierta y servicial, 4 personas adultas con sus respectivos 4 macutos no es facil que alguien te recoja en España haciendo autostop. El caso es que en Irlanda y Escocia ¡SI!.. se conoce que se aburriran al ir solos en los coches y por eso se prestana este tipo de proezas. Yo personalmente me lo pensaría más de dos veces, tal vez es que el aspecto lamentable que podiamos llegar a presentar fuera suficiente para convencer a cualquiera. Lo curioso es que paran aunque sepan de sobra que no entras en el coche. A lo que ibamos, Moher.

Cuando el autobus te deja en medio de un parking de tierra llegas a pensar que la visita será mediocre, no ves nada que advierta que hay algo tan especial. A medida que te acercas al acantilado el concepto de perspectiva nos confunde, nuestra mente no esta acontumbrada a este tipo de contrastes visuales y tendremos que ir buscando referencias naturales (como gaviotas o personas) para poder asimilar y valorar el abismal corte en la tierra que se come literalmente el Oceano Atlántico. Hay una especie de terrada de roca a la cual nos podemos asomar con cuidado, antes hay una valla donde cuelga un cartel que dice "Peligro, si pasas es bajo tu responsabilidad", nos veremos sin darnos cuenta gateando instintivamente por el suelo antes de llegar al borde del precipicio, no hay nada que te impida caer al vacio. Una vez que conseguimos llegar al borde y sacar la cabeza, aunque no seamos personas que suframos el vertigo, sabremos que siente una persona que si lo sufre, no quiero pensar que sentirá una persona que sufra de vertigo. Despues de 20 dias recorriendo las islas me quedo con estos minutos del viaje. Nos sentimos pequeños y fragiles ante tan basto paisaje, siempre me quedará grabado en el recuerdo la sensación que me causo Moher. Lo recomiendo con los ojos bien abiertos.

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